Crítica editorial - Letras Perdidas
 

28.- "SUPERVIVIENTE" DE STEPHEN KING (E.E.U.U.).

El doctor Pine, un individuo inescrupuloso e insensible que ha renegado de su pasado, llega —a causa de un naufragio— a un pequeño islote con solamente unas cerillas y dos quilos de droga de buena calidad. A partir de eso, el autor desarrolla un relato en estilo de diario personal sobre los intentos de este médico neoyorkino por intentar sobrevivir. Lo primero que el náufrago hace es cazar las pocas gaviotas que se paran sobre esa pequeñísima porción de tierra. También intenta armar con piedras un mensaje que pueda ser visto por algún avión que acierte a pasar sobre el lugar. Lamentablemente, ese sitio no parece quedar en la ruta de ningún aeroplano. Las gaviotas son pocas y en uno de los intentos, sufre un accidente que le cuesta una fractura en la pierna. Como era cirujano, realiza una amputación, a pesar de las malas condiciones de asepsia. Confía en que la heroína podrá ayudarlo a soportar el dolor. Ya que no tiene otra cosa que comer, decide comerse su propia pierna. Debido a que su estado le dificulta cazar y las gaviotas escasean más de lo deseado, corta su otra pierna, para poder tener algún alimento. Trata de esperar lo más posible con vida imaginando un rescate. Siempre habla de volver a su ciudad. Cuando la comida sigue faltando corta nuevamente sus piernas un poco más arriba, para tener un poco más de carne. Este sistema de autoantropofagia y el uso de la droga le permiten mantenerse con vida. Poco a poco el uso de la droga o la pérdida de razón le van llevando a elaborar un registro —en su diario personal— desarticulado, fragmentario, casi absurdo. En todo ese tiempo guarda conciencia de que debe cuidar sus manos por sobre todas las cosas, pues es con ellas con las que se operó a sí mismo. Finalmente come una de sus manos, con lo cual termina por cometer una forma de suicidio.

Visto de esta manera, podemos pensar que el lector asiste a un continuo registro de intentos de sobreviviencia que terminan de manera frustrada. Es decir, todos sus ensayos por sobrevivir son inútiles en la medida en que termina por morirse allí, en ese islote donde había sido arrojado por las corrientes y los oleajes. Es, quizá, la forma más común de entender una experiencia como esa. De alguna manera parece que hay dos reflexiones que el lector puede hacer sobre el texto: por un lado, el hecho de llevar una vida que, a pesar de las apariencias, parece ser la de un potencial suicida, hace pensar su muerte como una consecuencia muy lógica; por otro lado, el lector podría pretender reflexionar sobre lo inútil y estéril que resulta todo intento por sobrevivir puesto que, a la larga, todos los intentos terminarán volviéndose inútiles cuando uno por fin muera, porque acabará perdiendo la vida por más intentos que haga por lograr lo contrario.

Creo, por cierto, que el autor trata de mostrar que ambas reflexiones son dramáticamente incorrectas. Comencemos por la primera. Es claro que el doctor Pine siempre ha vivido al borde del peligro. Tanto así que confiesa haber terminado perdiendo su empleo a causa de esas conductas delictivas que incluían asuntos tales como vender recetarios vacíos a alguien que vendía recetas falsas a los adictos. Y siguió con ello cuando ya no lo necesitaba. Lo hizo por costumbre. El doctor Pine se parece a esos que eligen deportes excesivamente peligrosos o que hacen pruebas donde la vida es puesta en riesgo permanentemente, más allá de todas las precauciones que toman. Por lo tanto, cuando una de esas arriesgadas personas termina muerta (un competidor de carreras de autos, por ejemplo) solemos pensar que era el fin más esperado y hasta inconscientemente buscado por la víctima. Por supuesto, muchas veces los accidentes ocurren porque otro es el responsable, pero de todas maneras pensamos que el sujeto en cuestión es un suicida en potencia que, respondiendo al peso de la socialización, no se ha atrevido a matarse directamente y, no pudiendo asumir la responsabilidad de ese acto, se contenta con meterse en un contexto peligroso donde resulte muerto de un momento a otro.

Puede pensarse eso, pero puede que haya algo equivocado en esa visión. Supongamos ahora que un sujeto sale en su auto rumbo a su trabajo en una oficina, un banco, o un estudio de radio (eso no importa, excepto que debe ser todo lo contrario a un lugar de riesgo). De pronto un auto a toda velocidad lo choca y nuestro tranquilo trabajador, buen conductor, prudente y hábil, pierde la vida. ¿Alguien piensa que esa persona es un potencial suicida? Parece normar no pensarlo. Sin embargo hay países donde la principal causa de mortalidad son los accidentes de tránsito y nadie piensa que el que compra un automóvil sea un suicida en potencia. Suponemos que quien toma todos los resguardos correspondientes no puede ser acusado de tal cosa. ¿Y por qué sí alguien como un piloto de carreras puede merecer esa consideración? ¿Podemos medir el riesgo sólo por el temor que a nosotros nos da enfrentar tales o cuales acciones?

Me parece que el autor pretende afirmar todo lo contrario a lo que se suele pensar en esos casos. El doctor Pine es un sobreviviente, y como tal disfruta el juego de sobrevivir en cualquier situación. Su impulso por vivir lo lleva a tratar de elaborar estrategias para sortear las situaciones en las que se ve envuelto. En ese sentido, su insensibilidad emocional corresponde a la de un jugador para quien ganar es el único evento importante de la vida. Y sobrevivir significa lograr una vez más llevar airosamente cualquier situación en la que uno esté envuelto. Aquí es donde llega el momento de hacer frente a la otra posible moraleja que uno puede pretender extraer del relato: la de que todo intento por sobrevivir es vano pues la muerte tornará todos nuestros intentos como ridículos, inútiles y desgraciados. Afirmar tal cosa sólo puede provenir de pensar que la muerte es una derrota. Pero entonces la lucha por la vida resulta ser una lucha extremadamente despareja y desigual. No ya entre un ser humano y otro, sino entre cualquier ser humano y sus reales posibilidades de vencer. ¿Hubiera sido mejor que el doctor Pine se salvara y hubiera muerto, feliz de haber sido rescatado, en el hospital a donde lo hubieran llevado? ¿Hubieramos considerado al doctor Pine un vencedor si hubiera muerto ocho años después? Supongo que alguien está tentado de pensar que sí, porque eso habría significado que sus esfuerzos de salir vivo de allí, se habrían cumplido. Suponer esto, implica algo así como suponer que se logra sobrevivir si uno lo logra hacer en las pocas ocasiones en las que puede pretender hacerlo. Y mejor que lo quiera pocas veces porque si reitera ese deseo, lleva grandes probabilidades de perder. Es que ni el mejor atleta logra ganar todas las competencias en las que participa ni estar siempre en la mejor forma.

Vistas así las cosas uno solo vence cuando vence a otro (sea una persona, el destino o lo que fuera). Y es claro que entonces, nunca será absolutamente un ganador. Y si piensa en vencer a la muerte, no lo será nunca. Es como considerar que si no se es Dios, no vale la pena ser nada. Puede ser que se piense así, después de todo uno es libre de pensar lo que quiera. Pero estoy convencido que no es la única manera en la que puede ser evaluado el doctor Pine. Y tiendo a pensar que la clave radica en el primer párrafo de todo el relato. "Más tarde o más temprano, la pregunta surge siempre en la carrera de un médico: ¿Hasta qué punto puede un paciente soportar un shock traumático? Según las teorías, hay diferentes respuestas, pero, básicamente, la contestación esencial es otra pregunta: ¿Hasta qué punto el paciente quiere sobrevivir?"

Hay un momento en que sobrevivir es imposible, así como hay un umbral luego del cual es imposible soportar un shock traumático. Pero suponer que eso es una derrota no parece adecuado. Consideremos un juego donde nos está permitido hacer todos los tantos que podamos, pero al finalizar el juego, automáticamente, al otro jugador se le asignarán la misma cantidad de puntos que realizamos, más uno. Ese juego es imposible de ser ganado por nosotros. Así que el señor Pine parece pretender ser evaluado según sus deseos de sobrevivir. Deseos que deben ser llevados a la práctica, intentando todas las estrategias posibles para ello. Por tal motivo prefiere perder una gaviota a lastimar sus manos en el intento de atraparla. Y para poder sobrevivir aún sin alimento prefiere aumentar el consumo de heroína. Lo intenta todo una y otra vez. Desde escribir un mensaje de socorro con las piedras hasta utilizar el borde afilado de una madera para amputarse la pierna cuando ya no queda otra solución. Y todo lo hace con una gran dosis de humor, de cinismo, también. Pero en el fondo su cinismo no muestra otra cosa que ese impulso vital que lo hace seguir siempre adelante, traspasar todos los límites en pos de eso que pretende. El cinismo es una forma de seguir adelante sin importar lo que se deja atrás.

¿Puede, entonces, adjudicarse la decisión de amputar una de sus manos para comérsela, a la resignación, a un intento solapado de suicidio? Sigo pensando que puede buscársele otra explicación. No es necesario caer tampoco en la consideración de que el doctor Pine había perdido el juicio y se había vuelto un loco de remate. Sin duda que ya su pensamiento no lograba mantener la claridad del comienzo, seguramente afectado por el dolor, la droga, y el tiempo transcurrido sin que lo rescataran. Pero es también posible que el mismo intento que lo llevó a la muerte fuera realizado como un último intento por sobrevivir. Es dable pensar que el doctor Pine realizara un último cálculo: mantener sus manos por sobre su vida significaba morir en pocos días más pero comiéndose una de sus manos es probable que pudiera extender un poco más ese plazo, esperando que llegara el ansiado rescate. Pareciera que para el doctor Pine, cuando la calidad de vida no se puede mantener, el mero hecho de luchar por sobrevivir es ya un valor importante y al intentarlo, ya se ha vencido, sean cuales fueran las consecuencias pues lo que depende de uno ya ha sido hecho. La derrota, entonces, no es la muerte sino no hacer todo lo que depende de uno para vivir.

 

15 de febrero de 2004

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